Nikola Tesla nació el 10 de julio de 1856 en el pueblo serbio de Smilijan, en una noche de tormenta eléctrica, de tal intensidad, que la matrona dijo: “es hijo de la luz”. En su infancia padecía lo que él llamaba una “aflicción particular”, le sobrevenían imágenes flotando en su línea de visión y se solían acompañar de intensos destellos de luz: accesos de deslumbramiento, que lo enceguecían, para el horror de su familia. Esas visiones eran tan reales y detalladas que él podía estirar el brazo y atravesarlas con la mano. Antes de los diez años inventó un dispositivo volador propulsado por insectos, resolvió en su mente complejos temas hidráulicos, y comprendió que la electricidad se encontraba presente de muchas formas en la naturaleza y que podría transmitirse a grandes distancias. Su madre tenía algunas características distintivas que él también experimentaba: memoria fotográfica, la capacidad de hacer cálculos interminables y el don irrefrenable de la invención. En una niñez y juventud plagada de accidentes y enfermedades, en donde estuvo a punto de morir casi una decena de veces, sorteó semejante destino y consiguió acceder a los 19 años al prestigioso Instituto de Tecnología de Graz (Austria), que interrumpió por razones no conocidas en su tercer año de cursada. En el año 1878 Thomas Edison inauguró una nueva época cuando creó la primera lámpara incandescente. Su invento fue un éxito comercial sin precedentes y con el iluminó, al poco tiempo, ciudades como San Petersburgo o Nueva York. El sistema de Edison, denominado de “corriente continua” tenía una seria dificultad, solo podía transmitir la electricidad a cortas distancias. Casi simultáneamente, Tesla visualizó un motor capaz de transmitir electricidad a grandes distancias, basado en la concepción de un campo magnético rotativo, sistema que llamó de “corriente alterna”. Aquejado por visiones de carácter alucinatorio, en un ejercicio de autocontrol extremo, logró transformar el padecimiento y la angustia de las mismas, en herramientas para su trabajo. Tesla, a diferencia de otros inventores, era capaz de visualizar en forma tridimensional las maquinas más complejas en su mente sin necesidad de maquetas, dibujos o experimentos. En 1884 viajó a Nueva York para conocer a Edison y presentarle su invento, pero lo único que obtuvo de él fue un empleo esclavo de 18 horas por día y promesas económicas que no se cumplieron. La película “Una guerra brillante” (2017) retrata bastante bien la compleja relación entre ambos. Juan Forn en una contratapa sobre Tesla, dió la definición perfecta: Testa era gemelo de Edison, pero su antítesis y se odiaron toda su vida. Edison nunca tuvo en cuenta las propuestas de Tesla y defendió su sistema de corriente continua, que era la piedra angular de su negocio y de sus patentes. Desde entonces, entre ambos se desarrolló lo que se conoce como “la guerra de las corrientes” en donde ambos científicos intentaron demostrar a la opinión publica cual método era el más seguro y efectivo. Edison, que conocía el impacto de los medios de comunicación, planificó destruir la iniciativa de Tesla, y con ese objetivo filmó electrocuciones de animales (corderos, terneros, caballos) con el sistema de corriente alterna y solicitó que el reciente invento de la silla eléctrica (1890), utilizara este sistema. La primera ejecución en el penal de Sing-Sing se convirtió en una escena dantesca, porque el condenado (de nombre Kemmler) no moría pese a los miles de voltios frente a un público asqueado, pero que no dejaba de mirar. Tesla por su parte, con dotes de orador e ilusionista, para ratificar la inocuidad de su dispositivo, en sus conferencias hacía pasar por su cuerpo millones de voltios por segundo, ante la mirada perpleja de los asistentes. Ambos inventores utilizaron a los medios de difusión para obtener financiación de parte de los millonarios de la élite neoyorkina (Westinghouse, J.P Morgan, Underwood). La disputa quedó a favor de Tesla y la Exposición Universal de Chicago (1893), el gran evento mundial, fue iluminada con su sistema. En acmé de su éxito profesional, dos años después fue contratado para construir la mayor represa eléctrica del mundo en las cataratas del Niágara. El sistema de corriente alterna de Tesla cambió la vida de las personas porque permitió que la electricidad pudiese ser distribuida al ámbito doméstico. Célibe a lo largo de toda su vida, bebedor compulsivo de café, Tesla era tan distinguido en su aspecto y formas, como extravagante. Con el tiempo desarrolló fobias, toda una serie de ideas obsesivas (manía de contarlo todo) y frecuentes colapsos nerviosos. Evitaba los pendientes de las mujeres, el cabello en todas sus formas, y sentía horror a los microbios. Todos los actos y operaciones de su vida debían ser divididos por tres: – “si es divisible por tres es mejor”- decía. En Nueva York, donde vivía en hoteles de lujo como el Waldorf-Astoria, sólo se hospedaba en habitaciones múltiplos de tres. En su autobiografía Tesla describe sus vivencias psicopatológicas (alucinaciones y obsesiones) con naturalidad y hasta da la impresión que juega con ellas y les saca provecho como fuente de nuevas ideas. Los pasos de Tesla como inventor, luego de su revolución con la corriente alterna, se focalizaron en la idea de transmitir energía sin cables en forma inalámbrica a través de la generación de un campo eléctrico (1893), en dirigir objetos a través de un control remoto (1898), en experimentos de transmisión de energía a grandes distancias (1899) y en el diseño de máquinas voladoras (1928). Todos estos experimentos sentaron la base científica de inventos como la radio, los rayos X, el radar, el e-mail, la tecnología del wi-fi, los mensajes de texto, Whatsapp y hasta el diseño de robots y aviones caza de despegue vertical. Tesla fue en primero en comprender los alcances de la electricidad más allá de la generación de luz y calor. En 1900 profetizó “que cualquier persona, en mar o tierra, con un aparato sencillo y barato que cabe en un bolsillo, podría recibir noticias de cualquier parte del mundo y sería capaz de emitir una respuesta”. Pese a sus más de 700 inventos patentados, la historia oficial señaló a Edison como padre de la electricidad, a Marconi como el inventor de la radio (Premio Nobel, 1909) y a Röntgen como el descubridor de los rayos X (Premio Nobel, 1901). La figura del científico serbio-estadounidense, mejor inventor que comerciante, en sus últimos años permaneció en el limbo de las personas olvidadas. Recibió un trato como mínimo injusto por sus colegas del campo de la ciencia y de la historia. Un reconocimiento parcial se dio en 1960 cuando se designó a la “unidad Tesla” como la forma internacional de medir el flujo magnético. En los últimos tiempos, una vez al año, con motivo de su cumpleaños, era visitado por un grupo de periodistas, en donde prometía nuevos inventos increíbles, como transmisores para comunicarse con marcianos (en ocasiones sugería estar en diálogo con ellos), un arma que aniquilaría en un solo disparo a ejércitos enteros (“El rayo de la muerte”) y máquinas para producir tormentas catastróficas y terremotos. Desde su laboratorio en Nueva York hizo temblar un edificio entero y el FBI le prohibió seguir con sus experimentos. También soñó con transmitir energía en forma gratuita e ilimitada, lo que no parecía un buen negocio para algunos. Todas ideas que no alcanzaron el campo de la experimentación real y que aumentaron el escepticismo de sus críticos. Tesla murió solitariamente a la edad de 86 años en la suite 3327 del hotel New Yorker el 7 de enero de 1943, colmado de deudas impagables (empleados, sastres, floristas, el mismo hotel y una larga lista) Su final estuvo signado por la indiferencia de sus pares y el aislamiento. Recientemente, la figura de Tesla, se ha convertido en un icono cultural por el impacto de su obra en creadores artísticos y motivo de inspiración de bandas de rock, novelas (la magnífica “Relámpagos” de Jean Echenoz), videojuegos e ilusionistas (Ver charla TED de Marco Tempest). El magnate e inventor Elon Musk, fundó en 2003 su empresa de tecnología y la bautizó como homenaje: “Tesla”. Casi dos décadas después, en plena re efervescencia de la conquista del espacio, con su emprendimiento Space X, Musk lidera la exploración civil aeroespacial y está materializando algunas de las ideas de Nikola Tesla, que alguna vez sonaron descabelladas.

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